enero 04, 2006

JAVIER HERAUD, el poeta que no temía a la muerte

EL TIMBRE DE BRONCE
Este número por Alejandro Lavquén
Nacido en la ciudad peruana de Miraflores en 1942, Javier Heraud fue uno de los poetas jóvenes del Perú que se anunciaba como una gran promesa literaria. Sus estudios los inició en el Colegio de Los Sagrados Corazones de Belén, para seguir luego en el Colegio Markham. Posteriormente entró a la Facultad de Letras de la Universidad Católica de Perú con el primer lugar, destacándose además por su capacidad de trabajo en la literatura y la belleza de los versos que escribía, los cuales lo llevaron a ganar varios premios en los círculos estudiantiles.
Reflejo de su talento son estos versos, que pertenecen a un poema escrito en 1960 y cuyo manuscrito se conserva: "Yo no me río/ de la muerte./ Sucede/ simplemente,/ que no tengo miedo de morir/ entre pájaros y árboles". Quizá una profecía de lo que sería su temprana muerte en 1963. Javier Heraud estuvo de paso, durante 1961 en la Unión Soviética, Asia, Madrid y París, invitado por el Forum Mundial de la Juventud. En 1962 es becado en Cuba para estudiar cinematografía y regresa a Perú en 1963 como integrante del Ejército de Liberación Nacional, muriendo de un tiro cuando intentaba cruzar el río Madre de Dios en la ciudad de Puerto Maldonado, tenía 21 años de edad. A pesar de su corta vida publicó varios poemarios y trabajos en revistas, entre ellos: "El río" (1960), "El viaje" (1961), "Estación reunida" (1961) y "Poemas de Rodrigo Machado" (1962-1963), que era el seudónimo que Heraud utilizaba como miembro del Ejército de Liberación Nacional y destacaba además su admiración por el poeta español Antonio Machado, cuyos epígrafes son comunes en sus libros.
En cuanto a su obra, ya en su primer poemario "El río", quedó demostrado su talento: "Yo soy un río,/ voy bajando por/ las piedras anchas,/ voy bajando por/ las rocas duras...," (...) "Los niños se me acercan/ de día,/ y de noche trémulos amantes/ apoyan sus ojos en los míos..." (...) "Yo soy un río que canta/ al mediodía y a los/ hombres,/ que canta ante sus tumbas,/ que vuelve su rostro/ ante los cauces sagrados.". En sus textos también es permanente el recuerdo de la niñez y los lugares que lo acogieron, lo que deja reflejado en los siguientes versos, pertenecientes al poema "La casa": "Mi cuarto es una manzana/ con sus libros,/ con su cáscara, con su cama tierna.." (...) "Por mi ventana nace/ el sol casi todas/ las mañanas./ Y en mi cara,/ en mis manos, en el dulce/ clamor de la luz pura.". En "El viaje", nos muestra su desencanto producto de los acontecimientos sociales y, al mismo tiempo, como va adquiriendo un compromiso político mayor: "He dormido todo un año,/ o tal vez he muerto/ sólo un tiempo/ no lo sé." (...) "Pero ya estoy aquí./ He vuelto sin embargo,/ con un raro sabor/ a tierra amarga, muchos sufrimientos/ tenía acumulados/ y es difícil olvidar en un año" (...) "Sin un nuevo sueño/ que me obligue a retornar a mi lecho/ de hierbas y flores,/ sin un nuevo y largo sueño,/ podré construir nuevas palabras,/ tal vez sonreiré con cara alegre,/ alguna vez saludaré a la vida,/ y esperaré a la muerte alegremente,/ con mi seco corazón.". Javier Heraud representa a una generación que se vio conmovida por la pobreza y explotación a que era sometido su pueblo y decidió pasar del compromiso intelectual al compromiso práctico, ingresando al Ejército de Liberación Nacional, que pretendía liberar a su país de la opresión y sentar en su lugar una verdadera democracia, como se puede desprender de estos versos escritos siendo ya un combatiente convencido: "El final de la historia lo dirán mis compañeros/ arriba, abajo, encima de la historia/ y contarán a mis hijos/ historias verdaderas/ y para siempre vivirá la esperanza". O de estos otros, donde el poeta nos explica acerca del momento en que decide su máximo compromiso: "Recordé mi triste patria,/ mi pueblo amordazado,/ sus tristes niños, sus calles/ despobladas de alegría./ recordé, pensé, entreví sus plazas vacías,/ su hambre, su miseria en cada puerta." (...) "Triste Perú, dijimos, aún es tiempo/ de recuperar la primavera". Muchas cosas grises han pasado en el Perú desde que Heraud escribió aquellos versos, y seguramente muchas más seguirán pasando, hasta que un día el compromiso por el que murió el poeta sea asumido por todo el pueblo peruano.

2 Comments:

Anonymous Sergio Ponce Alfaro said...

¿Cuales compromisos?. El hombre solo vive porque respira y siente. Detras no hay nada o solo quiere que algo exista, mas alla del nombre. Somos solo signos, nuestra materialidad nos delata. Pero el sentido traspasa el tiempo. Y se convierte en llanto.

lunes, abril 17, 2006  
Blogger erbaycruz said...

No te entiendo, Sergio. El compromiso del hombre se manifiesta de muchas maneras, pero ninguna es más efectiva que la consecuencia con lo que uno ha postulado. Javier y el Ché son ejemplos históricos de esta verdad. Ellos serán recordados por siempre porque actuaron materializando lo que verbalmente dijeron. Ellos siempre existirán, a diferencia de los hombres grises, a quienes nadie recordará.

jueves, febrero 12, 2009  

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